El Gobernador Rolando Zapata, en días pasados, presentó un programa para abatir la pobreza alimentaria mediante el fortalecimiento del cooperativismo en la comisaría tizimileña de Xpanha Toro. Justo en el Día Mundial de la Alimentación, el titular del Ejecutivo Estatal, se une al llamado que convoca la FAO de fortalecer las cooperativas, “por su contribución en la reducción de la pobreza, el desarrollo económico y la integración social”. En tiempos pasado, el ex gobernador Víctor Pacheco ya había intentado aprovechar la figura de la cooperativa para fomentar el desarrollo económico. Pero ahora viene con mayor fuerza y la intención muy específica lo que permite darle claridad y viabilidad.

Pero ¿qué es el cooperativismo?El Cooperativismo como tal inicio en Inglaterra cuando un grupo de individuos se dio cuenta que uniendo los esfuerzos en torno a la organización cubrir sus necesidades. Esa innovación surgida de la revolución industrial se extendió a todo el mundo, inclusive en México donde fue el presidente Plutarco Elías Calles, quien es considerado como el padre del cooperativismo mexicano, el que mayor impulso le dio a esta figura jurídica al crear el marco jurídico que las regula.

Las sociedades cooperativas son grupos de individuos que siguiendo los principios de ayuda mutua y solidaridad conjugan esfuerzos para satisfacer necesidades. Al final no es el lucro lo que constituye el eje esencial, sino la procuración de un bien que se logra al unir esfuerzos y trabajo para lograr cumplirlo o conseguirlo.

Una de las realidades en el interior del Estado es la riqueza alimentaria que muchas familias tienen con la cría de animales y cosecha de frutas y vegetales. El problema es que dichos bienes alimenticios queda en manos de pocos quienes pueden conseguirlos, alimentarlos o ejecutar las actividades agrícolas necesarias para conseguir el aprovechamiento de los recursos. Si aquellos que si tienen, en un ánimo de mejorar no sólo la organización social, se apoyan de los que no tienen el recurso pero si el trabajo, se conforma una unidad productiva que sin duda podrá no sólo satisfacer de forma inmediata la necesidad, sino también, el autoconsumo de los productos alimenticios a favor de mejorar la alimentación de las comunidades.

El plan resulta atractivo a simple vista, ya que con ello es posible responsabilidad a la comunidad en la solución de sus propios problemas. La organización social se fortalece con la formación y consolidación de la ayuda mutua y la solidaridad.

En tiempo atrás se apostó con las maquiladoras que atraídas por mano de obra barata constituían un medio para mejorar la economía familiar. Sin embargo, al final el beneficio era de corto plazo, y en algunos, casos denigrantes para los derechos de los trabajadores. Sin más las empresas cerraban y el desempleo por obviedad aumentaba junto con el calvario que significaba perder una fuente de ingreso para las familias.

En contrasentido, el desarrollo de cooperativas cambia esa realidad de incertidumbre por una estabilidad que dependerá de los propios integrantes que con el trabajo, y el apoyo del gobierno con infraestructura, financiamiento y capacitación, podrán ser autosuficientes en la satisfacción de sus necesidades alimentarias.

Sin embargo, el camino seguramente no será sencillo. El cooperativismo exige una educación cooperativa entre los miembros y los que no lo son, en sus valores y principios solidarios. Una de las realidades en nuestra sociedad es que no sabe trabajar en equipo por el exacerbado individualismo surgido del egoísmo. Pero tampoco se debe ver como un obstáculo, sino como una auténtica área de oportunidad para fomentar el desarrollo de una comunidad, cambiando hábitos, actitudes y valores hacia aquellos que realmente si impulsan la competitividad y el desarrollo de la sociedad.


Espero que esta publicación sea de tu interés. Me gustaría seguir en contacto contigo. Por lo cual te dejo mis principales redes para dialogar y comentar los temas de interés para la sociedad y nosotros.

 

 

 

 

Artículo anteriorPeña Nieto: la reconstrucción de la política exterior
Artículo siguienteMéxico… sin cultura del debate