El primer golpe ya está dado: el Senado de la República ya aprobó la reforma política. En el camino falta que la minuta llegue a la Cámara de Diputados, lo que se espera igualmente sea aprobada por las bancadas del PAN y PRI, para posteriormente esperar el voto de 17 congresos estatales, que conforman el congreso constituyente permanente, para que sea declarada una reforma constitucional. El PRD se juega su propia credibilidad ante la izquierda que lo cuestiona su participación en el Pacto por México y la posible reforma energética que va en contrasentido de sus dogmas políticos. Por ello salió de aquél y se muestra como un antagonista, aguerrido y polarizante.

Con esta reforma que deja asuntos pendientes como la reducción de los legisladores plurinominales abre un nuevo camino en la negociación política, en la necesidad de reconstruir nuevamente la confianza de los ciudadanos con los legisladores, que al final son representantes populares cuyo interés debería ser más cuidar el bien de sus representados que los de un partido o facción política. El resultado solo se puede especular y será necesario darle tiempo para determinar si lo que ahora se ha propuesto y seguramente aprobado al final del proceso legislativo se cumplirá.

Me quedan dudas de como funcionará realmente el Instituto Nacional Electoral que ahora sustituirá el IFE con respecto a la atracción o calificación de elecciones estatales cuando exista una presunción de influencia de un gobierno local en el proceso electoral de su estado. La conformación del pacto federal reconoce la soberanía de las entidades federativas en cuanto las decisiones que toman en su régimen interior. Cada estado tiene su propio sistema electoral desde la entidad administrativa que organiza el proceso local hasta quienes resuelven controversias judiciales. El INE no es una instancia jurisdiccional, sino administrativa. Lo que debería hacerse es fortalecer la capacidad de los tribunales locales y Electoral del Poder Judicial de la Federación para analizar, evaluar y sancionar los casos que se ameriten sean violación a leyes electorales locales y federales.

Sin embargo, es claro que tal medida, al igual que otras de la misma reforma política, van a obligar a los partidos políticos a un ejercicio más abierto de negociación política. Como sucederá con la revisión del Plan de Desarrollo Nacional que sexenalmente está obligado el Ejecutivo a elaborar pero que ahora el poder legislativo debe aprobar, al igual que diversos nombramientos que antes eran de exclusiva competencia del Ejecutivo, requerirá mucho más oficio político, apertura a la negociación, escucha y entendimiento de los intereses de otras formas de pensar para que los legisladores los ratifiquen.

Como resultado debemos esperar que las decisiones sean más consensuadas y se termine con la hegemonía de los regímenes políticos que ni el arribo de la oposición al gobierno desapareció.

Contra lo que algunos quieren seguir sosteniendo México ya vive una pluralidad política que empieza a ser reconocida hasta por antiguos detractores, como es el caso de Mario Vargas Llosa, que en un pasado no muy lejano llamó “dictadura perfecta” al sistema vertical y absolutista del PRI antes del 2000. Parafraseando al escritor reconoce que aunque no votaría por el PRI, ve que el partido está funcionando, que hay elecciones y se respeta cada vez más la voluntad del pueblo, y por lo tanto, se entiende en su dicho queda atrás la concepción de dictadura perfecta que ya no debe volver a gobernar México.

Nuestro país ha cambiado, sin ninguna duda. Es por ello trascendente los cambios que se están aprobando en el último año, especialmente la reforma política que aún está en proceso. Debemos dar un voto de confianza no sólo a los políticos, sino también a la sociedad mexicana que día a día demuestra más capacidad crítica y exigente de los derechos que no se aceptan su violación por la autoridad.

La construcción de las instituciones democráticas es responsabilidad de todos, la meta

AL CALCE. Todo México requiere de políticos, sin importar el nivel de gobierno u organismo de poder público, con compromiso democrático que sepan conformar auténticos equipos de trabajo eficientes y eficaces. No debe haber lugar a la ineficiencia o ineptitud. La profesionalización del político debe ser un parámetro que debemos evaluar los mexicanos al momento de emitir el voto de confianza. Si la reelección de legisladores y presidentes municipales va a permitirnos, al momento de ejercer el voto, premiar o sancionar a aquellos, se tendrá un avance en la rendición de cuentas.

 


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