Aunque no es un problema que afecte a un sector amplio de la población, la adicción a los videojuegos existe y tiene consecuencias serias

 

NOTIPRESS.- Con la pandemia de Covid-19 y el aumento en el tiempo que las personas pasan en casa, los videojuegos se han convertido en una de las principales formas de distracción. Según ICEX España Exportación e Inversiones, una entidad pública empresarial, en 2018, México ocupó el doceavo puesto a nivel mundial en el mercado de videojuegos y, para 2019, las ventas de estos productos ascendieron a 1,317 millones de dólares y, con la llegada del coronavirus, se ha experimentado un efecto positivo en ventas para esta industria. No obstante, existen algunos riesgos relacionados con pasar demasiado tiempo jugando en línea. Esto comentan los expertos respecto a los efectos negativos y cuánto tiempo se recomienda dedicar a los videojuegos.

Aunque el trastorno por uso de videojuegos no es un fenómeno ampliamente extendido en la población –en España, únicamente el 1.9% de los adolescentes que juegan videojuegos presentan este trastorno, según un estudio publicado en International Journal of Environmental Research and Public Health–, éste tiene consecuencias graves para quienes lo padecen. De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS) estas consecuencias incluyen la incapacidad de limitar el tiempo de juego y continuar haciéndolo pese a las consecuencias negativas, tales como el abandono de la escuela o la pérdida de empleo. El organismo calcula la prevalencia del trastorno por uso de videojuegos en línea entre el 1% y el 10% en Europa y Norteamérica.

Según la onceava edición de la Clasificación estadística internacional de enfermedades y problemas relacionados con la salud (CIE-11), una clasificación diagnóstica estandarizada para los profesionales sanitarios, el trastorno por uso de videojuegos puede diagnosticarse cuando, durante un periodo de al menos un año, el sujeto muestra un comportamiento caracterizado por la pérdida del control sobre el tiempo de juego, la preferencia que adquiere el juego frente a otros intereses y actividades y la persistencia de esta conducta a pesar de sus consecuencias negativas.

No obstante, asociaciones del sector de los videojuegos, junto a algunos investigadores y profesionales de la salud mental opinan que esta inclusión es prematura y potencialmente podría dar pie a un sobrediagnóstico y un aumento en el “pánico moral” y la estigmatización relacionado con los videojuegos en línea y sus jugadores. La Asociación Americana de Psicología (APA), aunque ha incluido el trastorno en su Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5) de 2013, también reconoce el trastorno como una afección la cual merece ser estudiada con mayor detenimiento, con el fin de validarla como categoría diagnóstica.

Para prevenir problemas relacionados con el uso excesivo de videojuegos, la mayoría de los expertos coinciden en limitar el tiempo de juego a una hora al día, y entre dos o tres horas a la semana. En el caso de niños, se recomienda también supervisar el tiempo de uso de videojuegos y, en general, del Internet, así como favorecer y no interrumpir rutinas relacionadas con la alimentación, aseo, estudio, descanso y ocio.

Ya que los videojuegos también aportan beneficios como un incremento en la coordinación de la vista y las manos, destreza manual mejorada, visualización espacial mejorada y la capacidad de dividir y cambiar rápidamente la atención, además de proporcionar una salida social y una distracción de los eventos del día, la clave se encuentra en balancear los múltiples beneficios con los potenciales efectos negativos.

Conforme aumenta la popularidad de los videojuegos en línea es importante mantener un balance y limitarse al tiempo de juego recomendado por expertos, para aprovechar los beneficios distractores en un momento de dificultad y estrés, como lo es una situación de cuarentena, sin caer en una situación que pueda derivar en un trastorno adictivo.