La historia, de forma objetiva, se conforma por los personajes y los hechos que en el pasado tuvo una significación para la evolución ya sea social, política, económica o religiosa. A lo cual le agregamos para el análisis de la valoración y la trascendencia un componente subjetivo que nos permite dar una interpretación, es decir, una explicación y sentido de esa realidad que encierra y se deriva de los actos del hombre, cómo éstos hechos del pasado impactaron en la construcción de la sociedad.

En la historia tradicional u oficial, hemos aceptado en la figura del cura Don Miguel Hidalgo y Costilla la figura del “Padre de la Patria“, por haber iniciado la gesta histórica que duró 11 años y que al final dio a la Nueva España la separación del poder español y con ello la posibilidad de construir la nación mexicana.

Sin embargo, los motivos reales de la lucha de los insurgentes debemos remitirnos a lo expuesto por Primo de Verdad, Talamantes y Azcarate en 1808 como una propuesta del Ayuntamiento de la Ciudad de México ante el problema que representaba la invasión de Napoleón Bonaparte a España que obligó la abdicación de Fernando VII, heredero al trono español. Para ellos, el planteamiento era claro: había que desconocer al usurpador, no aceptar a un gobernante que no sea de la corte española. Lo que implicaba que la soberanía, la capacidad de autogobierno, al no aceptar al rey impuesto por Francia, recaía nuevamente en el pueblo hasta que la corona española sea reestablecida. La propuesta no fue aceptada y sus enunciantes fueron aprehendidos.

No obstante de lo último, ese planteamiento fue el eje conductor de Miguel Hidalgo y Costilla para levantar un movimiento contra “el mal gobierno” que más bien se refería al gobierno francés. Por lo cual, las crónicas más antiguas afirman que una de las arengas del famoso grito de Dolores fue ¡Viva Fernando VII!

En términos objetivos, el primero que planteó una independencia real de España fue José María Morelos y Pavón, el segundo insurgente que heredó el movimiento después de la aprehensión y fusilamiento del cura de Dolores. En una excelsa manifestación “Los sentimientos de la Nación” expresaron el ideal de convivencia con España no como una madre de la cultura, sino como una “hermana nación”. Lo que impulsó la conformación del primer congreso constituyente que aportó la primera Constitución en Apatzingán en 1814. Lamentablemente aún con la inteligencia e ingenio militar de Morelos, este segundo intento más concreto para una independencia fracaso al ser detenido y ejecutado.

Por lo cual el movimiento perdió impulso y se redujo a pequeños grupos descoordinados en varias partes del territorio novohispano que poco a poco fueron reducidos y extinguidos. Por el terreno montañoso y la estrategia de guerra de guerillas sobrevivió el grupo del líder afrodescendiente Vicente Guerrero.

Mientras tanto, del otro bando conocido como los realistas por defender a la corona española, experimentaron un punto de inflexión cuando Fernando VII había regresado a la Corona y por medida había derogado la Constitución de Cádiz. La primera constitución española que había sido escrita durante el tiempo de ocupación francesa con representación no solo de la corte española sino de las colonias. Un documento jurídico que reconocía un nuevo orden y estatus de las colonias al permitir la elección de sus autoridades. Lo que sin duda habría la posibilidad de los criollos, los hijos de los peninsulares españoles nacido en la Nueva España, tuvieran una mayor participación en la toma de decisión política de las colonias españolas.

En 1820 Fernando VII fue obligado a jurar la Constitución de Cádiz y por ello los peninsulares que vivían en la Nueva España sintieron que peligraban sus intereses económicos y control político. Por lo cual, reunidos en la Iglesia La Profesa, concibieron un plan para concretar la independencia. El elegido para la encomienda fue Agustín de Iturbide que inició un acercamiento con Vicente Guerrero para pactar en favor de la separación con la corona española.

Basta leer el Plan de Iguala, que promulga los lineamientos y programa que defendería el nuevo Ejército Trigarante a las órdenes de Iturbide y posteriormente el Tratado de Córdoba para darnos cuenta del trasfondo de la acción iturbidista. No estaban los ideales de los insurgentes. Se continuaría con la estructura de privilegios del grupo peninsular y conservador.

Sin embargo, ambos documentos son esenciales para entender el triunfo final de este nuevo grupo de “independentistas”, que lograron poner fin al dominio de la corona española en los territorios de la Nueva España para dar lugar al Primer Imperio Mexicano.

De esta forma, con la entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México el 27 de septiembre de 1821, hace 200 años, se selló el fin del proceso de independencia que iniciará Hidalgo y que, por circunstancias de la época y contexto geopolítico, fueron los que estuvieron inicialmente en contra lo que terminaron por dar libertad a esta tierra.

Pero faltaría para que México naciera como nación. No sería hasta 1824 cuando realmente los insurgentes ganan la partida final, derrocan al autonombrado Agustín de Iturbide como primer emperador del Imperio Mexicano y promulgan una nueva constitución que da lugar al nombre oficial de esta nación: Estados Unidos Mexicanos.

Iturbide finalmente fue fusilado el 19 de julio de 1824 por el delito de traición a la patria. Por lo cual, el nuevo gobierno surgido de los insurgentes desechó la conmemoración de la consumación para entronizar en el calendario cívico de México el reconocimiento del cura de Dolores Don Miguel Hidalgo y Costilla y de José María Morelos y Pavón, los dos grandes inspiradores de la lucha de independencia de México.

Desde entonces y hasta la fecha el tema de quién debe considerase como el consumador de la independencia ha ocupado a los expertos e historiadores. Ni el decreto de Luis Echeverría en septiembre de 1971 que declaró a Vicente Guerrero como el “auténtico consumador de la independencia” cerró la polémica. Ahora con el revisionismo de la historia que cuestiona la tradicional y oficial el tema está abierto y hay voces que alegan reconocer en Agustín de Iturbide el artífice final de ese proceso de independencia que en su consumación dio pie a esta nación.

Hoy que celebramos 200 años de la independencia de México, ponemos en la mesa de la discusión esta crónica de los hechos a partir de los datos primarios y objetivos de la época que ubica a cada personaje en el rol histórico que les tocó vivir. No demerita ninguna de las aportaciones, ni de Hidalgo, Morelos, Guerrero e Iturbide.

Tal vez si logramos ver la historia objetiva de forma más amplia e integral, encontremos motivos de reflexión para entender por qué somos como somos los mexicanos.

 

Al calce. Dos hechos históricos que muchos desconocen. Es común que los mexicanos llamen “Plaza de la Constitución” a los centros históricos de las capitales antiguas de la República Mexicana. Una denominación producto de la aceptación de la Constitución de Cádiz. Por otro lado, resulta interesante revisar las firmas del Acta de Independencia del Imperio Mexicano, firmada el 28 de septiembre de 1821 un día después de la entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México, donde no se puede ver la firma de Vicente Guerrero. Los “padres de la patria” fueron letrados, es decir, abogados de la Ciudad de México nacidos algunos en España, Caracas y Buenos Aires, todos elegidos por Agustín de Iturbide sin representación de las provincias del país.

Interesantes datos ¿no crees?