Destacan beneficios mentales y físicos de un descanso adecuado  

 

Mérida, Yucatán, a 13 de octubre de 2021.- La falta de sueño puede afectar tanto la mente como el cuerpo, además de perpetuar afecciones graves, altera de manera negativa el estado de ánimo y temperamento, así como la capacidad para concentrarse en las tareas diarias, señaló Jesús Moo Estrella, profesor de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY).  

Durante la conferencia “Estrategias para un sueño saludable”, realizada en el marco de la Segunda Semana de la Salud Mental, que organiza la UADY en coordinación con diversas instituciones, Moo Estrella detalló que un sueño saludable se compone de tres elementos: duración, profundidad y continuidad.  

Informó que entre las funciones principales del sueño se encuentran el restablecimiento de los circuitos neuronales; la consolidación de la memoria episódica y de procedimiento; hace más eficiente el cerebro; ayuda a la recuperación física, muscular y de los órganos; y otorga un mayor rendimiento físico.  

Mencionó que no hay una cantidad de horas ideal para dormir, sino que existen ciertos parámetros de acuerdo con la edad, pero el sueño debe ser suficiente para generar una sensación de descanso adecuada.  

“Conforme vamos avanzando en edad la cantidad de horas puede variar, por ejemplo, un niño en edad escolar debería estar durmiendo entre nueve y 11 horas, los adolescentes estarían entre las siete y 10 horas, dependiendo del nivel de actividad física y mental que están teniendo durante el día, y un adulto mayor entre siete y ocho horas de sueño”, apuntó.  

El experto enfatizó que el funcionamiento del cerebro se afecta con la privación del sueño y reduce el desempeño tanto como lo hace el alcohol, por ejemplo, sólo cuatro horas de sueño podrían equivaler a estar bajo el efecto de seis cervezas.  

Para dormir bien y cuidar el sueño recomendó hacer del dormitorio un espacio apropiado que mantenga una temperatura confortable y esté libre de ruidos y luces; establecer un horario regular y razonable para acostarse y levantarse; practicar de manera rutinaria un ritual de actividades relajantes antes de ir a dormir.  

Asimismo, no irse a dormir con hambre o recién cenado, así como evitar beber mucho líquido; evitar la luz artificial de los dispositivos móviles y pantallas; dormir en un colchón y almohada cómodos; evitar la cafeína, los estimulantes y el alcohol, especialmente por la tarde; reducir las siestas largas; hacer ejercicio constantemente; y mantener un peso saludable.  

 

 

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