Varsovia, 15 ago (EFE).- La deforestación, unida a la sequía, complica las perspectivas de aumentar el uso de los ríos polacos como rutas complementarias de transporte para distribuir el carbón que el país necesita importar tras el embargo al de origen ruso.

La necesidad de suministrar más carbón ha alimentado el propósito político de transformar los principales ríos polacos en vías fluviales, algo que los expertos contemplan como poco realista, incluso sin contar con la actual sequía.

“Nuestros ríos no tienen suficiente caudal para permitir un volumen mayor de transporte. Incluso en el pasado, solo era posible en la primavera y el otoño. Tras años de deforestación en las regiones montañosa del sur, el agua baja más rápido porque hay menos árboles para frenarla”, afirmó a Efe el presidente de la organización medioambiental WWF en Polonia, Mirosław Proppé.

El embargo al carbón ruso impuesto en abril dio alas a los partidarios de transformar los ríos en vías para el transporte fluvial. El ex ministro de Transportes Jerzy Polaczek, del gubernamental partido Ley y Justicia (PiS), calificó la navegación interior de “bella durmiente”, a la que se debía despertar y devolver al ámbito económico.

A raíz de ese embargo, Polonia necesita importar más carbón de ultramar, lo que a su vez plantea la cuestión de si la infraestructura ferroviaria tiene la capacidad precisa para distribuirlo al resto del país.

En realidad, la idea de impulsar el transporte fluvial en Polonia no es nueva. En 2017, el país suscribió el Acuerdo Europeo para el Transporte por Vías Navegables de Importancia Internacional. Era un paso dentro de la estrategia de la UE de trasladar el 30% del transporte de mercancías de larga distancia (más de 300 km) al ferrocarril o a las vías navegables para 2030, dentro del objetivo de reducción de las emisiones de CO2.

Pero las organizaciones medioambientales y los economistas coinciden en que los planes del gobierno respecto a los principales ríos polacos son poco realistas.

“El Vístula es uno de los pocos ríos de Europa que no ha sufrido regulaciones. Desde su inicio hasta Włocławek, salvo el fragmento que atraviesa Varsovia, es el último gran río europeo que serpentea. Gracias a sus numerosos humedales, es el hábitat de muchas especies que sólo se pueden observar allí”, según Proppé, el presidente de WWF Polonia.

“Las barcazas navegan con gasóleo, lo que de por sí representa un problema en cuanto a emisiones. No pueden funcionar con energía solar porque no podrían ir río arriba. Además, siempre existe el riesgo de que se produzcan accidentes contaminantes”, añadió.

Para el economista Tomasz Żylicz, de la Universidad de Varsovia, estos argumentos no son lo principal: “Lo que digan los ecologistas de que algunos ecosistemas pueden resultar perjudicados, es en mi opinión secundario. Es más importante el volumen de inversiones que se precisaría. Por supuesto, el medio ambiente se vería perjudicado, pero incluso sin ese aspecto, el transporte fluvial en Polonia es un disparate”, afirmó a Efe.

“Preparar los ríos polacos para el transporte fluvial requeriría enormes inversiones previas y sus beneficios serían dudosos o modestos”, añadió Żylicz, quien señaló, además, que las vías fluviales polacas no cumplen los parámetros del Acuerdo Europeo.

“En estos se especifica que deben ser accesibles para los barcos con un calado de al menos 2,8 metros por debajo del nivel del agua. La anchura de la vía fluvial debe ser de al menos 40 metros”, recuerda Żylicz.

Al mismo tiempo, la normativa europea recomienda que las vías fluviales permitan el calado de hasta 4,5 metros. En estos momentos, el nivel de las aguas del Vístula en Varsovia está en unos 40 centímetros.

Żylicz recuerda que sólo algunos tramos del Vístula y del Oder cumplen con el estándar mínimo, lo que significa que requieren enormes inversiones. Según su estimación del año pasado, todo el proceso de transformación de los ríos requeriría unos 200 mil millones de zlotys (43.000 millones de euros).

Proppé plantea el mismo argumento, sólo el río Vístula para convertirse en una vía fluvial requiere la construcción de siete escalones de agua, ahora tiene uno.

“Luego hay que incluir la construcción de los embarcaderos y el enderezamiento del río donde sea necesario. Se trata de un coste enorme sin un beneficio real y visible”, sostiene el ambientalista.

En opinión del presidente de WWF, Polonia debería aprender del ejemplo alemán.

“Hoy uno de los mayores problemas para el sistema energético alemán es la falta de agua en el Rin. Las barcazas tienen problemas para transportar su carbón. Hoy el gobierno federal gasta miles de millones de euros para arreglar el Rin. Nosotros no necesitamos hacerlo, podemos dejar nuestros ríos tal y como están”, concluyó.

Lukasz Olender

 

 

 


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