Yaaxché… vida y muerte danza prehispánica maya

 

En el marco de los festejos de los fieles difuntos, se recuerda a todos aquellos que ya trascendieron a una vida incorpórea, y se les honra por amor, nostalgia que por naturaleza invade al ser humano que en su momento convivió, apreció, admiró y aprendió de las personas que amó y que aún en esa distancia espiritual sigue amando, y sin soltar ese sentimiento que en el tiempo sólo deja y presenta enseñanzas que continúan aportando a su paso, con los que cada día una persona se rodea, en vida, señaló la maestra Ana Alejandra Serrano Escamilla del Taller de Terapia Ocupacional “Bicentenario” del Issste, tras la participación del grupo de entusiastas usuarias en la puesta en escena de la ceremonia maya alusiva al Hanal Pixán (Comida de animas) bajo la coordinación escénica de  la maestra en teatro,  Lic. Hortencia Sánchez Aguilar.

Destacó que esto, se ha vivido desde épocas pasadas, los orígenes de nuestras tradiciones mayas que encierran  emociones sublimes que parecen estar guardadas en los corazones de generaciones actuales, herencia de nuestra cultura ancestral maya que vivenciamos cada año en nuestra región, y celebrada también en todo el País, pero con propias características y costumbres, de acuerdo a su linaje prehispánico.

Dijo que por tal motivo, se decidió armar un proyecto dancístico, en el cual se desarrolla un pequeño cuadro explicativo sobre la visión que el pueblo maya tenía y sentía acerca de la muerte.

“Como se sabe, en épocas prehispánicas se veneraban a varios Dioses, porque nuestro pueblo maya antes de la conquista española, era politeísta, y para cada evento de suma relevancia o ceremonia, hacían grandes festejos para recibir la presencia del Dios que bajaba para acompañarlos y bendecir los días fechados para sus actividades importantes, como lo eran la comida para las ánimas o como bien se conoce en el Estado de Yucatán: Hanal Pixán”.

“Los aspectos que se dieron a conocer y sus simbologías, aún se pueden apreciar en los Altares modernos, pues en nuestro interior, nuestros ancestros aún nos susurran y nos llaman a conservar pequeños detalles, que evitan desaparecer nuestra esencia cultural maya. Siempre fueron reacios al cambio, pero no claudicaron, y prueba es que en un punto principal se encuentra “La Cruz Verde” que no puede faltar en el centro y en el nivel superior de un altar yucateco”.

“La Cruz verde, es la representación de la Ceiba, este árbol, como en otros Estados, es el símbolo de vida. La ceiba o Yaaxché, como en Yucatán se le llama, es el árbol sagrado de nuestra cultura maya, y por tal motivo, la cruz no tiene imagen religiosa y es pintada en color verde. Según la cosmovisión maya, en las ramas de la ceiba habitaban 13 dioses que regían el cielo y en sus raíces, se encontraban 9 dioses que habitaban el infierno o inframundo, es por eso que en muchos hogares, aún ofrendan 22 tortillas, que es el número total de los dioses que viven en el árbol sagrado”.

Explicó que estos Dioses del Cielo y del Inframundo, estaban gobernados por un Dios principal, el Dios de la muerte, llamado “Ah Puch” ( el apestoso). Descarnado, putrefacto, pero adornado de gemas preciosas y semillas que sonaban como cascabeles, producto de la naturaleza, a la cual el pueblo respetaba y daba gracias por todo lo que les brindaba su entorno, es por ello, que en esos días escogían los mejores productos de sus milpas y de lo que la naturaleza les brindaba, para ofrendarle a sus Dioses y así, fueran benevolentes con sus difuntos.

“Las flores, frutos y vegetales, tenían también sus lugares según el modo de cosecharse. Si la flor o fruto crecía en las ramas, a distancia del suelo, acomodaban el producto en un espacio superior o mesa, y si el producto nacía de la tierra y la recogían del suelo, acomodaban el fruto o vegetal, debajo de la mesa. Ejemplo, si las mandarinas o naranjas que crecen en las ramas del árbol, eran retiradas del mismo, las conservaban en la mesa, y si el fruto o vegetal, como las jícamas o calabazas que crecen en la tierra, tal cual respetaban su lugar de origen y las mantenían debajo de la mesa, sin quitarle la cáscara, tal cual el producto recién cosechado”.

“Al llegar el momento de las celebraciones para recordar a sus muertos, los mayas tenían la convicción de que sus difuntos los visitaban y convivían en sus hogares. Los esperaban con ansías y con los alimentos y bebidas que a ellos en vida les gustaba. La presencia de los fieles difuntos se hacía sentir, pues los alimentos ofrendados en el altar quedaban insípidos, debido a que los seres amados en espíritu, se llevaban la esencia o la “gracia” que probaban gustosamente del altar, hecho y expuesto por los vivos para hacerles sentir que aún son parte importante de sus vidas, y que habitan y están presentes en los corazones y en los recuerdos familiares de cada hogar de nuestro hermoso Yucatán”. Todos estos aspectos conformaron esta hermosa puesta en escena.

 

 

 

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