La investigadora mexicana María Esperanza Martínez Romero está especializada en la fijación de nitrógeno para desarrollar una agricultura sostenible. En una entrevista con Noticias ONU, cuenta por qué ser científica para las mujeres es más difícil. No se trata de una cuestión de inteligencia o capacidad, sino de biológica y desigualdad de género.

 

Caroline Herschel era asistente de su hermano William, astrónomo y constructor de telescopios en Inglaterra. Mientras trabajaba con él, descubrió nuevas nebulosas y cúmulos de estrellas. Ada Lovelace fue una matemática y escritora británica considerada la primera programadora de ordenadores de la historia y la persona que inició el sistema informático que conocemos en la actualidad. Marie Curie fue una física y química polaca, pionera en el estudio de la radiación sentando las bases para la ciencia nuclear moderna. Lise Meitner fue una física sueca que calculó la energía liberada en la fisión nuclear.

La lista podría seguir, pues la ciencia está rodeada de historias de mujeres que han aportado importantes investigaciones, que de una o de otra forma ayudan a mejorar la vida del ser humano.

Y, sin embargo, pese a ello, en la actualidad, el 30% de las y los investigadores son mujeres, según la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. Los estereotipos ocultan una parte importante de la historia científica y perpetúan la desigualdad de género en el acceso a estos campos de estudio y carreras.

En el México actual, la doctora María Esperanza Martínez Romero, investigadora y jefa del Programa de Ecología Genómica del Centro de Ciencias Genómicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), estudia la relación entre las bacterias benéficas y la salud de las plantas.

En el Centro, hay un grupo de investigadores relativamente pequeño, organizado en siete Programas o Laboratorios, enfocados en las áreas de genómica microbial y de plantas, investigación ecológica y, recientemente, también en aspectos de genómica humana.

Para llegar al punto en el que actualmente se encuentra, la doctora Martínez Romero estudió, con el apoyo de su familia, la licenciatura en Investigación Biomédica.

Ello, dice, no fue fácil, pues al iniciar sus estudios se dio cuenta de que las ciencias exigen mucho tiempo y sacrificio. Sin embargo, con la ayuda de su padre, un profesor y terapia psicológica, pudo avanzar y concluir sus estudios.

En la licenciatura, hubo tanta presión y estrés, que hubo un momento en el que dije adiós. Les di la noticia a mi papá y a un profesor, pero no me dejaron, me motivaron. Mi maestro me mandó a terapia en el departamento de Psicología de la UNAM. Tuve unas cuatro sesiones, pero me dijeron que tenía muy sana mi estructura mental y que no era necesario que me saliera de la universidad. Tomé la decisión de dejar el laboratorio que me estresaba y entré a otro y eso me ayudó”, explica a Noticias ONU.

¿Por qué las plantas?

Esperanza cuenta que siempre tuvo la idea romántica de hacer neurociencias, no obstante, al descubrir que para estudiar el cerebro se requiere experimentar con animales, desertó. La idea de tener que abrir a un animal no le gustó, por lo que decidió enfocarse en la biología vegetal.

“Yo quería entender nuestro cerebro. Recorrí muchos laboratorios en neurociencias. En todos lados para trabajar el cerebro, hay que trabajar con algún animalito, pero yo nunca pude hacer eso. Entonces dije: si no puedo hacer biología animal, haré biología vegetal.”

Después de varios años de estudios, el esfuerzo rindió frutos. En 1991, Esperanza Martínez descubrió que la cepa (un grupo de bacterias) ‘rizobium tropici’ podía aportar altos niveles de nitrógeno a las legumbres, incluso en situaciones de estrés provocadas por la acidez del suelo, el contenido de metales o las altas temperaturas.

Actualmente está enfocada en su trabajo relacionado a la fijación de nitrógeno* que, a su parecer, es la vía ideal para llegar a la sostenibilidad. La doctora indica que la fijación de nitrógeno es clave para el desarrollo de una agricultura sostenible, beneficiando a las y los agricultores de México y de todo el mundo.

“Recientemente he estado investigando la fijación de nitrógeno en animales. Por ejemplo, las termitas fijan nitrógeno con bacterias que se albergan en su intestino y así compensan, ya que su dieta es muy pobre. Pensamos que si exploramos esto, tal vez no puede ser tan lejano que pudiéramos prescindir de tanta proteína animal y podríamos fijar nitrógeno. Esa es nuestra ilusión a largo plazo, vamos a tratar de entender la fijación del nitrógeno en humanos.”

Además de dirigir esa investigación, la científica mexicana publicó un manual sobre biofertilización para agricultores, ha impartido conferencias y talleres para el sector y ha emprendido programas de reforestación utilizando leguminosas fijadoras de nitrógeno.

La mujer y la ciencia

En 2020, la doctora Martínez Romero fue reconocida con el Premio Internacional L’Oréal-UNESCO “La Mujer y la Ciencia”, por toda su investigación relacionada al uso de bacterias. Como resultado de su investigación, está el aumento de la productividad agrícola que contribuye a la seguridad alimentaria y que reduce el uso de fertilizantes sintéticos.

“Fue un gusto enorme que me lo dieran. Nos separan por regiones, estamos nosotros en Latinoamérica, está la región de Estados Unidos, Asia, África. Yo creo que esta división es buena porque las habilidades que tenemos por región para hacer investigación son diferentes, pues no se comparan los recursos. En Latinoamérica hay muchos países que envían a muchas candidatas y la elección es difícil. Una vez me tocó a mí participar en el jurado y me di cuenta de que son muchas las candidatas, hay muchas que tienen un curriculum muy sólido. Entonces estás compitiendo con un grupo importante de científicas y las probabilidades de que te lo den son muy bajas. Yo estaba muy feliz.”

Cada año, el Premio Internacional “La Mujer y la Ciencia” distingue a cinco eminentes científicas con carreras excepcionales, procedentes de las cinco regiones del mundo.

En un mensaje con propósito al papel que desempeña la mujer en la ciencia, el Secretario General de la ONU, puso recientemente en relieve una ecuación: ‘La ciencia será mejor cuantas más mujeres y niñas participen en ella.’ Agregó que ellas aportan diversidad a la investigación, amplían el grupo de profesionales del ramo y abonan nuevas perspectivas a la ciencia y la tecnología, algo que beneficia a todas y todos.

La doctora Esperanza reflexiona sobre la escasez de mujeres científicas en la ciencia y se percata de que en el Centro de Investigación al que pertenece, del total de investigadores que hay, únicamente seis son mujeres.

“Yo estaba reflexionando sobre lo que nos pasó en nuestro Centro de Investigación porque somos seis mujeres de 27 investigadores, no somos ni la tercera parte. No encuentro la explicación de cómo llegamos a ese desequilibrio. Y en la UNAM se ve lo mismo, la UNAM tiene muchos más hombres en puestos directivos. ¿En dónde perdemos la carrera?”, cuestiona preocupada.

Desigualdad

Para la científica, la razón de ello no se debe a capacidades, sino al género, ya que una mujer, además de darlo todo para lograr un crecimiento profesional, al mismo tiempo llega a ser mamá. Para Esperanza es un tema biológico, porque cuando la mujer se vuelve madre, por naturaleza entrega cuerpo y alma al cuidado de sus hijos y estos se vuelven prioridad.

“En una mesa que llevaba por nombre La mujer en la ciencia, le preguntaron a una compañera brasileña qué es lo más difícil de ser científica, ella respondió: ‘No se me ha hecho difícil ser científica, se me ha hecho difícil ser mamá’. Entonces, es evidente que la carga biológica que tenemos como mujeres es una carga que no tienen los hombres. Sí, he visto a mis alumnas que empiezan a tener hijos que dejan el doctorado o lo retrasan. Y es que, cuando contratan en los laboratorios pues se dan cuenta que ellas tienen menos actividades o menos artículos publicados y no las contratan.”

Para resaltar el papel de la mujer en la ciencia, Martínez Romero anima a aquellas que estén interesadas o que ya están en el camino, a no desertar y a encontrar la vía adecuada para concluir los estudios y sus investigaciones.

“Es fácil desanimarse pero hay que encontrar los momentos para salir adelante. Debemos ser tercas. Si esto me gusta, hay que buscar por dónde más puedo lograrlo. Siempre.”

* La fijación biológica del nitrógeno es un concepto que hace referencia al uso de plantas y bacterias para mantener unos niveles óptimos en el suelo, pues es uno de los tres nutrientes clave, junto con el potasio y el fósforo, para el desarrollo de los cultivos, responsable del proceso de fotosíntesis y del contenido de clorofila.

Este reportaje fue producido por Primavera Díaz para Noticias ONU.

 

 

 

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