Roma 26 ago (EFE).- El antiguo cementerio hebreo del Lido, construido en el siglo XIV, en pleno apogeo político, económico y cultural de la poderosa República veneciana, ha decidido abrir sus puertas para mostrar los secretos de un lugar lleno de encanto y memoria que es un pedazo de historia de la ciudad de los canales.

Con unas 1.700 lápidas, aunque se han hallado restos de antiguas tumbas debajo de las que se ven, el cementerio fue utilizado a lo largo de los siglos para el acuartelamiento de tropas y hasta de cantera para cañones, además de servir de inspiración a poetas del XIX como Goethe, Byron y Shelley, antes de caer en el olvido.

Ahora, tras una compleja restauración que ha permitido recuperar y catalogar más de un millar de lápidas, datadas entre 1550 y principios del siglo XVIII, el cementerio, uno de los más antiguos que se conservan en Europa, ofrece visitas guiadas para dar a conocer un sitio que parece suspendido en el tiempo.

UN TERRENO DE 70 POR 30 PASOS

“El cementerio se encuentra en el Lido, que estaba fuera de los límites de Venecia cuando el terreno fue identificado por los primeros judíos asentados en la ciudad, quienes se lo pidieron a la República porque, como exige la ley hebrea, es tarea de los vivos enterrar a sus muertos”, explica a EFE Marcella Ansaldi, directora del Museo Hebreo veneciano.

Venecia atravesaba una situación económica delicada y era interesante para el Estado “tener una minoría judía de prestamistas y banqueros”, por lo que su petición fue enviada por el Dux Antonio Venier en 1366 a los frailes benedictinos del Monasterio de San Nicolás, a los que “no les hizo mucha gracia dar un pedazo de tierra a los judíos”.

Tras casi dos décadas de negociaciones, los frailes acabaron cediendo “un pequeño terreno cercano de 70 por 30 pasos” donde en 1385 comenzó la construcción del cementerio, que concluyó cuatro años más tarde.

“Se dio a los judíos la oportunidad de tener un lugar de enterramiento, pero no la de permanecer en la ciudad. Vivían esencialmente fuera de la parte histórica, esencialmente en el área continental en Mestre, e iban a la ciudad solo para trabajar”, relata Ansaldi.

GOETHE, SHELLEY Y BAYRON

Con el paso del tiempo el cementerio fue utilizado para otros fines, especialmente militares, y cayó en el olvido hasta que fue “redescubierto” a finales del siglo XVIII por viajeros y escritores europeos como Goethe, que ha escrito sobre el, “un lugar desolado” lo definió, en su “Viaje a Italia”, mientras que Lord Byron y Mary Shelley le dedicaron sus versos.

Esto hizo comprender a los propios hebreos que era necesario restaurarlo y en 1920 comenzaron los trabajos, tras años de estudios de dos importantes rabinos, Riccardo Pacifici (1904-1943) y Adolfo Ottolenghi (1885-1944), ambos victimas del Holocausto en Auschwitz.

“Nos hemos dado cuenta de que el cementerio es una página de la historia con los testimonios que guardamos en nuestro archivo histórico desde el siglo XIV y que nos ha permitido reconstruir documentalmente la presencia hebrea en Venecia”, explica.

TUMBAS DEBAJO DE LAS TUMBAS

Respecto al número de tumbas, Ansaldi habla de unas 1.700, aunque reconoce que establecer una cifra es muy difícil: “Hay varias capas de lápidas y las de abajo son más antiguas”, por lo que ahí “aún queda un trabajo de reordenación que hacer”.

Entre los huéspedes más ilustres del cementerio figuran el rabino León Módena (1571-1648), una de las personalidades más importantes de la comunidad judía en Italia, que murió en la pobreza, y Sara Copio Sullam (1592-1641), una vanguardista poetisa que tenía un salón literario.

También hay una lápida sobre una fosa común con los judíos muertos dura la epidemia de peste de 1631.

El cementerio, que ha mantenido un atmósfera especial que parece situarlo más allá del tiempo, se abría hasta ahora al público una vez al año, durante el Día de la Cultura Judía, pero, tras la última restauración, podrá visitarse con reserva previa por todo aquel que quiera conocer “un lugar que habla de la historia”.

“Nuestro deseo es llegar a conectar el Gueto veneciano con el cementerio de una manera más específica, por barco, para poder ofrecer una visita completa”, explicó la directora del Museo.

por Marta Rullán

 

 

 

 


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