Madrid, 17 sep (EFE).- “Qué la selva no se quede sin música” fue su reto para sobreponerse a incendios y la pandemia. Ahora viven su sueño hecho realidad de dar el salto a Europa para mostrar un valioso legado misional que conservan en América.

La Orquesta Chiquitana de Cuerdas de Santa Ana de Velasco, de Bolivia, actúa este domingo en El Escorial, cerca de Madrid, tras haber dado el día antes en Casa de América en la capital española otro de sus conciertos en su visita a España.

En uno de sus ensayos en Casa de México en Madrid, su director, Rubén Darío Suárez, confiesa a EFE que su “sueño” era traer a ocho músicos, todos ellos jóvenes en edad escolar, pero finalmente lograron llegar a los veinte.

No fue fácil hacerlo realidad, pues venían de superar dos años de graves incendios en la zona boscosa en la que viven en Bolivia, la Chiquitanía, y luego la pandemia, que mermaron sus orquestas.

“Afectó también al entusiasmo, la motivación”, recuerda el director, pero se repusieron con apoyos como el de la Fundación Latinoamérica para el Desarrollo (Flades), que les respalda en su viaje junto con la Embajada de Bolivia en España.

Paso a paso, “crecieron las orquestas, se recuperó la musicalidad que teníamos”, celebra.

“Y eso hay que mostrarlo al mundo”, prosigue, “las ganas de que queremos salir adelante por medio de la música y de que en esa selva, que estuvo seca, que estuvo incendiada, la música no desaparezca”.

Esas ganas, que transmite este grupo de jóvenes mientras ensaya, les impulsaron para mirar más allá, a Europa, y lo lograron, dando a conocer con una orquesta de cuerda su tradición musical en esos escenarios o en la Universidad Autónoma de Madrid.

Una estancia que aprovechan también para plantear otros apoyos, como “empezar a concebir un plan de intercambio de becas”, pero subrayando que no vienen “a dejar un alumno becado” ni a llevarse “un maestro, sino a mostrar lo que hay y a partir de ahí construir el futuro” de su orquesta.

“De a poco, vemos de qué manera instituciones musicales de Madrid y de España puedan llegar a apoyarnos”, apunta.

UN LEGADO DE HACE SIGLOS A TRAVÉS UN PEQUEÑO PUEBLO

Lo importante es que se conozca que “un pueblo muy pequeño” de una zona un tanto remota de Bolivia conserva “una calidad musical admirable”, prosigue.

“Ese legado que se generó de la Compañía de Jesús (…) y gran parte de esa música de sus manuscritos se encontraron en Santa Ana”, destaca el director.

Antes de que el rey Carlos III los expulsara de América en 1767, los jesuitas dejaron en sus misiones una música barroca que siglos después pervive.

Los violines, violas, violonchelos y contrabajos de estos músicos bolivianos interpretan sonatas y cantos sacros, “música que se ha encontrado en las misiones jesuíticas”, detalla.

“Son partituras que durante la misión fueron copiadas y que han sobrevivido cuidadas celosamente por el pueblo chiquitano”, no en una biblioteca, “sino dentro del coro” de un templo “o de los cabildos indígenas”, añade.

Aunque “fue desapareciendo en la práctica a musical escolástica”, algunas de esas canciones quedaron “en la memoria de la gente”, en especial de los ancianos, “y las partituras guardadas en algunas cajas esperando nuevos tiempos”, abunda.

“Eso es una joya, porque en otras misiones en Paraguay, Argentina o Brasil fueron saqueadas e incendiadas”, mientras que “tuvieron otro destino en Chiquitos, el pueblo continuó” ese legado “después de la expulsión de los misioneros”, sentencia.

Un documental recogerá toda esta andadura, no solo su viaje, sino todo lo que “está sucediendo en este pueblo con la música”, concluye.

 

 

 

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