Nueva York, 2 mar (EFE).- El espíritu de la soprano Victoria de los Ángeles y el de la pianista Alicia de Larrocha ilustran las paredes del Instituto Cervantes de Nueva York, en una exposición repleta de cartas, fotografías y objetos personales que relatan una relación de amistad basada en el respeto y el afecto mutuo.

‘Aquella eterna admiración’ conmemora el centenario de las dos catalanas e indaga en su relación de amistad, que comenzó en 1941 y que hizo frente al complicado contexto social y político de la posguerra española y a las dificultades personales.

La exposición, que podrá verse hasta el 3 de mayo, se inauguró este viernes con un recital de la soprano Mercedes Gancedo y el pianista Michał Biel, tras el que se sirvió un cóctel donde el protagonista fue el ‘Pastel Victoria’, un postre creado por la Pastelería Canal según los gustos de la soprano De los Ángeles.

Con la muestra, las dos artistas vuelven virtualmente a una ciudad que sirvió de fondo al primer recital en el que actuaron juntas (en 1971 llenaron en varias ocasiones el escenario del Hunter College), y que las vio crecer profesionalmente, ya fuera actuando por separado o en algunos de sus teatros más emblemáticos, como el Town Hall, el Met Opera o el Lincoln Center.

“Nueva York era una ciudad que a ella le apasionaba, le encantaba venir porque decía que le daba muchísima energía”, aseguró a EFE Helena Mora Gutiérrez, nuera de la soprano y presidenta de la Fundación Victoria de los Ángeles.

Un recorrido por el lado más cotidiano de las artistas

La muestra, que hasta hace unos meses se exponía en Barcelona (la ciudad natal de las artistas) se ha adaptado al espacio del Instituto Cervantes y ha obviado algunos objetos que se exponían en la ciudad condal, pero aún así logra sumergir al espectador en el día a día y el arte de las catalanas.

El recorrido comienza con la carta que da título a la muestra, en la que De los Ángeles se lamenta por no haber ido a un concierto de la pianista, que tenía lugar, precisamente, en Nueva York: “Con estas flores va mi gran cariño y esa eterna admiración por tu arte y fuerza de voluntad”, escribía entonces.

Tras esto, el espectador indaga en la faceta artística de las barcelonesas a través de objetos personales, como los vestidos que las artistas usaban en sus espectáculos (entre los que se encuentra un kimono que llevó la soprano en la ópera ‘Madame Butterfly’) o las antiguas cintas de vídeo con las que Alicia de Larrocha grababa sus conciertos.

Más allá de su lado profesional, la exposición también indaga en la parte más humana de las catalanas: muestra de ello es una maleta de la pianista que se expone en la muestra -repleta de fotografías en las que posa junto a su marido y sus hijos- o los vídeos hechos con una cámara 8mm que la soprano grababa en sus viajes al extranjero y que se proyectan en la exposición.

Las sombras de las artistas, especialmente de la soprano, que cayó en una profunda depresión tras la muerte de su hijo mayor (lo que la llevó a retirarse del ojo público), también son una parte muy importante de la exposición.

Después del fallecimiento de su hijo, de los Ángeles dejó de contestar las llamadas, incluidas las de Larrocha: “Mi madre se empezó a preocupar muchísimo, porque quería contactar con ella y no había manera. Empezó a pensar que había hecho algo que había ofendido a Victoria”, contó a EFE Alicia Torra de Larrocha, hija de la pianista y comisaria de su centenario.

Esta preocupación se refleja en una carta que de Larrocha envía a la soprano y que nunca fue contestada: “Yo comprendo lo que has pasado y lo que estás pasando en a cada momento, pero entre tú y yo nunca habíamos sentido ningún rescoldo ni nada que pudiera dañar nuestra amistad. Si en algo te he ofendido, de rodillas te pido perdón”, decía.

En el año 2000, ambas realizaron su última grabación juntas, interpretando las canciones del músico catalán Eduard Toldrá, y en un caprichoso giro del destino, la última canción que grabaron juntas fue Canço de Comiat, que en castellano significa canción de despedida.

Ahora, décadas después de su adiós, las artistas se reencuentran en las calles de la Gran Manzana reivindicando una amistad que sigue permaneciendo viva.

Alicia Sánchez Gómez

 

 

 


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