Enrique Vidales 26 julio, 2018

La educación es uno de los elementos más importantes para cualquier sociedad. Como dice Nelsón Mandela, es el “.. arma más poderosa para cambiar al mundo”. En los postulados constitucionales consignados en el artículo tercero se establece que la educación en nuestro país es democrática, entendiendo democracia como no como un régimen político, sino como un sistema de vida que otorga las misma oportunidad para todos.

Sin embargo, no se ha podido concretar un sistema educativo que realmente provoque un desarrollo crítico de la realidad que conduzca a los ciudadanos mexicanos a entenderla y actuar en consecuencia para dar la oportunidad de desarrollo para todos.

En la actualidad vivimos un contexto político de cambio de gran envergadura. El nuevo presidente para el próximo régimen político ha anunciado lo que se ha llamado “la cuarta transformación de México”. Para lograrlo, sobre el tema de la educación se propone la cancelación de la reforma educativa de 2013 y la apertura de la educación superior para todos.

Sobre la primera, la palabra cancelación no es la más propicia. No se puede cancelar lo que ya es un hecho consumado y aplicado en años anteriores. Lo que si procede y se tendría que hacer para hacer cambios es una nueva reforma. Es decir, la reforma de la reforma educativa.

Ya Esteban Moctezuma, el presunto nuevo secretario de educación pública ha afirmado en entrevistas públicas en medios de comunicación, que es necesario hacer una modificación a la reforma educativa sin que deseche la evaluación docente. Una da las bases y fundamentos de la reforma educativa es la evaluación obligatoria a los docentes que fue rechazada por un sector de maestros. Los programas de evaluación que ofrecían incentivos como lo fue carrera magisterial era optativo, no obligatorio. El maestro decidía si o no participar en ese proceso de evaluación que buscaba encontrar las deficiencias que podían ser abatidas con capacitación.

El problema de la evaluación al servicio profesional docente no solo fue el carácter obligatorio sino el sentido punitivo que tenía y que iba en contra de las costumbres adquiridas. Sin embargo, un sistema o proceso educativo que no se evalúa, no puede determinar las áreas de oportunidad de mejora.

Al final, las leyes no son perfectas sino perfectibles, lo que habré la posibilidad de analizar lo bueno y lo malo. La evaluación, en consecuencia, debe quedarse pero mejorar para que no sea coercitiva o atente contra derechos laborales sino que detecque las deficiencias y el sistema pueda mejorar en calidad y atención.

Otro tema educativo que recobra una importancia en el nuevo planteamiento del régimen morenista es la apertura de la educación superior para todos. Bajo el principio de que la educación que el estado imparta es gratuita se pretende abrir los espacios universitarios para que ningún mexicano se quede sin estudiar una profesión universitaria o de educación superior.

Vale la pena precisar que el artículo tercero constitucional establece que los niveles de preescolar, primaria y secundaria conforman la educación básica. A éstos niveles se le anexa la educación media superior o bachillerato como obligatoria.

La educación superior la puede impartir el Estado por medio de las instituciones de educación superior que tenga en su control, pero también la fracción VII del tercero constitucional otorga a las universidades e institutos de educación superior que cuenten con la capacidad de autonomía que implica la capacidad no solo de impartir educación universitaria, sino también, la facultad de gobierno propia en todos los aspectos administrativos, ingreso, permanencia y egreso de estudiantes, de establecer sus planes y programas de estudios. Todo esto sin contravenir la normatividad legal correspondiente.

La educación superior tiene varias connotaciones que son importantes de señalar.

En primera instancia, el ingreso a una universidad es por la elección libre y voluntaria del sujeto que desea estudiar una carrera. Aquí juegan en la decisión la vocación, el gusto de la persona y el análisis de las capacidades, habilidades y actitudes del estudiante que correspondan a lo exigido en la formación profesional. Se trata de adultos, de jóvenes que tienen la mayoría de edad, que por lo tanto no están sujetos a una sumisión de padres como sucede en los otros niveles inferiores donde los progenitores tiene la obligación de llevar a sus hijos a la escuela.

También debe considerarse que de poco sirve abrir un sinnúmero de instituciones de educación superior y plazas para estudiantes que producirán un gran número de profesionistas sin que se tenga una política de desarrollo laboral profesional. Esto puede producir una sobresaturación en el mercado laboral. Un ejemplo es Cuba, que no obstante que tiene el mejor sistema educativo del mundo y que ofrece esta alternativa de asegurar la educación superior para todos, hay profesionistas que terminan en trabajos de meseros u otros inferiores a la expectativa profesional por no contar el país con los puestos de trabajo para otorgar a todos sus egresados.

Por lo cual, no se debe caer en romanticismos que como ideales son positivos y pausibles. Se tiene que ser realistas y analizar todo el contexto de la propuesta para que sea integral, no solo parcial o lo que quiera oír la sociedad.

La reforma educativa no puede ir para atrás en todo lo que se planteado y en lo que se necesita para mejorar el sistema. Como también, debemos ser más mesurados en la apertura de la educación superior para todos, sobre todo si no va acompañada de un plan a mediano y largo plazo para dar el trabajo a todos los egresados.

Facebook Comments

Deja un comentario.

A %d blogueros les gusta esto: