Fráncfort (Alemania).- 20 oct (EFE).- La Feria del Libro de Fráncfort tuvo este jueves su segunda jornada de público en un ambiente que oscilaba entre la ilusión que generan los libros y las historias que cuentan y los temores que suscita la guerra en Ucrania.

Un mensaje a los editores del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, pidiendo al sector luchar con sus medios contra las campañas de desinformación rusas marcó el día en el que también se evocó el poder transformador que puede tener el libro “Cuando a la gente le faltan conocimientos son fácilmente manipulables por los gobiernos”, dijo Zelenski en su mensaje por vídeo a los editores reunidos en la Feria de Fráncfort.

“Hagan libros sobre aquellos que debilitan Europa, háganlos circular, hagan documentales y películas, esas son las respuestas. Hagan todo lo posible para que la gente sepa del terror que Rusia lleva a Ucrania”, añadió.

En uno de los actos del pabellón español, el novelista Arturo Pérez Reverte, reflexionando sobre su propia obra, terminó hablando indirectamente de la situación actual en Europa que él considera como el final de una larga ilusión.

“La violencia es cotidiana. Vivimos en una trinchera que se puede romper en cualquier momento”, dijo.

Pérez Reverte sostuvo que durante mucho tiempo la mayoría de la gente no había querido ver eso en Europa y criticó lo que consideró “un alejamiento del mundo real, de lo crudo de la vida, de la conciencia de que el mundo es un lugar peligroso” que calificó de “absolutamente suicida”.

Pérez-Reverte hizo esas reflexiones a partir del papel que tiene la violencia en su última novela, “Revolución”.

UNA HISTORIA DE LOS TIRANOS

No lejos del pabellón español, donde hoy se celebraron homenajes al editor Jorge Herralde y a la escritora Almudena Grandes -éste último póstumo- se presentó un libro íntimamente relacionado con la situación actual y por los temores que existen sobre el deterioro de la democracia.

“Tiranos. Una historia desde Calígula hasta Putin” es el título del libro editado por los historiadores alemanes Barbara Stolberg-Rilinger y André Mischer.

El libro está compuesto de veinte perfiles de veinte personajes históricos que tienen una serie de señas de identidad que se aproximan al tipo del “tirano” ya definido en la antigüedad por Aristóteles.

La obra fue concebida en torno a la figura de Donald Trump aunque en el perfil que se le dedica a este se matiza que, aunque se trata de alguien que tienen claramente características despóticas, la resistencia de las instituciones democráticas estadounidenses evitaron que se convirtiera en tirano en estado puro.

Vladimir Putin, aún antes de la agresión a Ucrania, ya estaba en el radar del proyecto inicial.

“Las dos características claves del tirano es que su poder se basa en la violencia y no en el consenso y el compromiso y que le da prioridad a su bien personal sobre el bien común”, explico Barbara Stolberg-Rilinger durante la presentación del libro.

Además, se trata de personas desconfiadas, debido a que su poder se basa en la violencia, y que suelen rodearse solo de aduladores.

Un hecho curioso es que los dos historiadores, al seleccionador los 20 tiranos ejemplares, optaron por excluir a Hitler y a Stalin.

“La razón de ello es que Hitler y Stalin son inconmensurables. Están en otro nivel”, explicó la historiadora.

Además de Putin y Trumpo hay en el libro otros tiranos contemporáneos, o que se aproximan al tipo, que son Bachar Al Asad, Kim Jong Un y Recep Tayyip Erdogan. En el libro también hay perfiles de Franco y Pinochet.

“Es claro que el concepto de tirano ya no se utiliza en la ciencia política, se habla en cambio de autócratas. Pero es un tipo ya definido por Aristóteles y el usarlo implica un juicio de valor”, explicó la historiadora.

Los tiranos, o aquellos que se le parecen, suelen surgir, según la historiadora, en tiempos revolucionarios o de inestabilidad y muchos suelen recurrir para legitimarse a una figura de un presunto pasado glorioso, como es el caso de Putin con Pedro El Grande.

En sus respectivos países, por ello mismo, hay quienes tienden a verlos como garantes de estabilidad. “Por ello -explicó la historiadora- no hay ninguna garantía de que si desapareciera Putin se acabaran los problemas para Europa. Podrían venir fuerzas más radicales”.

Rodrigo Zuleta

 

 

 


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