Lo que mi madre me enseño… en vida

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María de Lourdes Ripoll Navarro. 1935 – 2020
En honor a tu memoria y aprendizaje, querida madre.

Este año será un Día de las Madres diferente.

Hace apenas 40 días tuvimos nuestra última noche juntos. ¿Cuántas veces no me cuidaste y te preocupaste por mi salud durante toda una noche pendiente de lo que sucedía, consolándome y propiciando las atenciones para que pronto me recuperara?

Pero esa última noche fue muy diferente. Era la noche de tu partida. Me toco ahora ser el vigilante, estar a tu lado.

En la mente pasaron muchas cosas, muchos recuerdos, vivencias positivas como también las negativas que fueron configurando la estructura de toda una vida.

Apena en octubre me diste la peor noticia cargada con la convicción de que era el final de un camino del cual no debería sentirme triste. Que te sentías tranquila, que habías disfrutado de la vida y que ese final que se acercaba lo pretendías vivir en paz y en armonía.

No podía no sentirme triste. Mucho menos aceptaba la idea de no llorarte porque dejaría de ser tu hijo, pero si te garantizaba que íbamos a caminar juntos el sendero de partida con todo lo que se pudiera hacer.

Hubiese deseado mucho más tiempo para caminar juntos.

Me hubiera gustado seguir disfrutando tu presencia.

Me hubiese gustado hacer mucho más para este poco tiempo con el que Dios nos permitió compartir la esperanza, la Fe, así como el dolor y la preparación de la inevitable salida.

Pero partiste a la Casa del Padre.

No sin antes demostrarnos a todos la gran fortaleza y una suprema Fe como mujer católica y preparada para el encuentro con nuestro Padre Celestial.

Nos dejaste una gran riqueza y un gran testimonio de Fe y Esperanza.

Una enseñanza de amor y de gran compromiso por cada uno los miembros de la familia.

Son pocas las palabras para enmarcar el ejemplo de una partida en paz y en armonía con uno mismo, con la vida y con Dios.

Fue muy temprano, al amanecer cuando diste el último respiro.

No sin antes asomarse una tímida lágrima.

Gracias a Dios por haberme dado a una gran mujer como Madre.

Gracias a ti Madre por todas las enseñanzas que me diste. Por haberme formado con valores y con una profunda Fe en Dios y con un inmenso amor para cada uno de los miembros de la familia.

He llorado y sentido tu ausencia por momentos. La nostalgia seguirá estando presente en toda mi vida.

Pero hay convicción que hoy estás a mi lado, de una forma espiritual y angelical que me está resguardando y dándome la bendición todos los días.

Descansa en paz… querida madre.

¡ FELIZ DÍA DE LA MADRE ! … hasta el cielo