Enrique Vidales 30 enero, 2015

Al momento de escribir estas líneas, en el cumplimiento de los requerimientos de esta compañía editorial, aún no se resuelve el conflicto laboral de la UADY. Un problema que va más allá de un asunto de aumento salarial. En el fondo se exhibe el desmesurado despilfarro de recursos económicos en manos de unos pocos directivos que utilizan discrecionalmente el presupuesto universitario para propios fines.

Una cosa es muy cierta. La UADY recibe como subsidio federal un presupuesto similar a lo obtiene el Ayuntamiento de Mérida. El principal argumento de la rectoría en este conflicto es aducir que en las reglas del presupuesto para este ejercicio fiscal se establece un tope de alza salarial de 3.4 por ciento. Bajo ese principio resulta inaceptable que los trabajadores manuales y administrativos soliciten un 10 por ciento que tampoco corresponde en proporción al aumento del salario mínimo para 2015.

Sin embargo, por motivos del movimiento laboral se han dado a conocer datos que resultan escandalosos como las compensaciones sobre el salario que recibe directivos, entre ellos el rector de la UADY. En el mundo académico yucateco se sabe de lo bien pagados que resultan el cuerpo docente de la universidad y los beneficios académicos en estudios, investigaciones, viajes y muchas otras facilidades para el mejoramiento de la calidad educativa. El problema surge cuando se viene uno enterando que entre el personal académico existen préstamos económicos, de hasta un millón de pesos, que contablemente son injustificables para montos de salarios que reciben las personas a quien se le otorga.

Otro caso que a la luz pública resulta inexplicable es el nepotismo donde familias salen beneficiadas al estar repartidos cargos de importancia salarial en parientes cercanos o relaciones sentimentales de dominio público de los principales directivos. Los que conocen bien a la UADY son conscientes que lo único público que tienen los concursos por vacantes académicos es su publicación en medios de comunicación social. En la verdad de los hechos esas convocatorias están más que cerradas por requisitos que resultan imposibles de cumplir para una persona externa a la institución educativa. Es claro que están redactadas para un destinatario específico. Por lo cual no importa buscar el mejor talento que garantice la excelencia académica. Al final es el reparto de cuotas de poder que mantienen a un cuerpo docente sumiso.

Este es un modo de caciquismo que ha convertido a la UADY en un latifundio gobernado por una clase intelectual que se ha apoderado de los destinos de la máxima casa de estudio. Una clase que al fomentar las sedes alternas manda el mensaje político de desvalorizar la lucha de los trabajadores.

La sociedad debe exigirle cuentas a la UADY. Las autoridades de la universidad están obligadas a darnos una explicación de los dispendios, el derroche y el nepotismo corrupto que carcome los cimientos de calidad y valor moral de la universidad pública yucateca.

Sería muy importante que se pueda sacar de este problema áreas de desarrollo de mejora en cuanto a:

  • Mejor transparencia y rendición de cuentas del dinero público, que se pueda medir y valorar con estándares de productividad para una aplicación eficiente en función de la calidad y el compromiso educativo a favor de la sociedad.
  • Abrir los procesos electivos de Rectoría a toda la universidad. Que se le quite al Consejo Universitario el ser los “tlatoanis” con capacidad exclusiva para elegir a quien dirigirá la universidad por un periodo de tiempo. La sociedad avanza cada día hacia una democratización en sus procesos de elecciones y la UADY, si quiere responder a los tiempos actuales, no puede quedarse atrás.
  • Eliminar los sobresueldos y las compensaciones en los casos donde no se justifique por los elevados montos de salarios en los puestos directivos. Aquí el actual rector puede dar una muestra de verdadero compromiso y pida se elimine su “compensación”.
  • Someter a una reingeniería contable los préstamos, sobre todo a los directivos, para sanear las finanzas de la Universidad. Establecer reglas claras, públicas y transparentes de cómo se puede acceder a la utilización de préstamos ajustados a una recta y saludable contabilidad.
  • A abrir las convocatorias verdaderamente a buscar el talento profesional a todo el universo de opciones. Anacrónico resulta el sistema de hacer las convocatorias exclusivas para beneficiar a los previamente escogidos, que por intercambio de favores se han formado cuotas de poder que grillan en lo político y afectan lo económico de nuestra máxima casa de estudios. Ya la SEP, máxima autoridad, lo hace pero la UADY se queda en un pasado sin responder a las exigencias de democratizar sus procesos y toma de decisiones.

Los demás integrantes de la sociedad universitaria como alumnos y maestros deben apoyar el movimiento. Se trata de retomar el destino de la educación superior al servicio de la sociedad, del mejoramiento intelectual y formación integral de profesionistas.

Como egresados no podemos quedarnos atrás de quien fue una formadora de nuestras opciones de vida profesional. Lástima que poderes oligárquicos intelectuales se apoderen del presupuesto y corrompan los valores de una universidad que mucha luz de ciencia le ha dado a Yucatán.

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