Otro estudio también señala que la presencia de agua en forma de hielo en la superficie lunar podría ser más extendida de lo que se creía

 

NOTIPRESS.- Dos nuevo estudios publicados en la revista Nature Astronomy cambian una vez más la historia de la presencia de agua en la Luna, con uno de ellos aportando evidencia definitiva de presencia de agua en el satélite natural de la Tierra. Para esto, los investigadores recurrieron al Observatorio estratosférico de astronomía infrarroja (SOFIA, por sus siglas en inglés), un Boeing 747 a medida con un telescopio instalado en la parte posterior de su fuselaje, capaz de volar a más de 43 mil pies de altura, lo suficiente para que gran parte del vapor de agua de la parte baja de la atmósfera de la Tierra no interfiera con las observaciones.

En 2009, datos recopilados sugirieron la presencia de agua en la Luna, a partir de una firma química. Sin embargo, los científicos no podían, hasta entonces discernir cuánto de está forma química correspondía a agua molecular, es decir, H2O, y cuánto se trataba de hidroxilo (OH), una molécula a la cual le hace falta un átomo de hidrógeno para ser agua. En aquel entonces, los científicos asumieron que el descubrimiento se trataba, en su mayoría, de hidróxido, por ser una molécula mucho más estable térmicamente, en comparación con el agua molecular.

No obstante, los investigadores del estudio publicado el 26 de octubre de 2020, determinaron que es H2O la sustancia predominante en la superficie lunar, no hidroxilo, con ayuda del telescopio de SOFIA. La detección se realizó analizando la flexión y el estiramiento de las moléculas de agua. Cuando la luz atraviesa el agua molecular, los átomos absorben esa energía, se dobla un poco y vuelve a emitirse la luz. La luz emitida es muy específica del agua molecular y no existe ningún otro material con una firma luminosa similar. Pese a esto, la abundancia de agua en la Luna es mucho menor a la de la Tierra. De acuerdo a los investigadores, se necesitarían procesar algunos miles de kilogramos de regolito lunar para obtener un kilogramo de agua. Para identificar con seguridad el origen de esta agua, además, se necesita aún más investigación, señalan los científicos.

El segundo estudio, publicado en la misma fecha que el primero, se relaciona con el descubrimiento de agua en forma de hielo en los polos lunares en 2018. Según esta nueva investigación, el agua en forma de hielo podría estar aún más extendida, existiendo en sombras en la superficie de la Luna. Esto debido a la cantidad de cráteres en la superficie lunar, muchos de ellos capaces de mantener áreas de la Luna completamente bajo la sombra, protegidas permanentemente de la luz solar. En estas condiciones, donde la oscuridad mantiene las temperaturas hasta 184 grados celsius bajo cero, cualquier agua depositada por cometas o asteroides, queda atrapada y se convierte en hielo, permanentemente alejada de la luz solar.

A partir de datos del orbitador lunar Reconnaissance, de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio de Estados Unidos (NASA), los científicos sugieren que estas zonas, conocidas como zonas permanentemente en penumbra (PSR, por sus siglas en inglés) existen en una gran parte de la superficie de la luna a escalas mucho más pequeñas. Según modelos matemáticos realizados para este estudio, las PSR pueden ser dos veces más abundantes de lo pensado anteriormente, e incluso, muchas de ellas, de hasta 1 centímetro de diámetro. Estas micro trampas frías también podrían contener agua de impactos lunares más recientes, otorgando a los científicos una forma de estudiar la deposición de agua reciente y compararla con la de los cráteres más grandes presentes en los polos, con agua probablemente depositada allí hace millones de años.

Investigaciones de este tipo son de mucha relevancia debido a los planes del programa Artemisa de establecer una base permanente en la Luna a finales de la década y llevar de vuelta al ser humano a la Luna para 2024. Entre los planes para la Luna se encuentra la propuesta de instalar radiotelescopios en el lado lejano de la Luna, con el fin de buscar vida inteligente en el espacio, así como la investigación de vida pasada en Venus, a partir de restos geológicos de aquel planeta que muy probablemente podrían encontrarse en la superficie de la Luna.