Ciudad de México, 15 oct (EFE).- Aunque es un libro inteligente sobre la literatura rusa, la nueva obra del mexicano David Toscana, “El peso de vivir en la tierra”, puede verse como una propuesta para aliviar con palabras la carga causada por la poca belleza en el mundo.

La novela propone un juego en el que la vida se deja poseer por el espíritu del arte. Su protagonista, Nicolás, se cambia el nombre a Nicolai y vive en Monterrey, norte de México, como un personaje de los libros de Chejov, Tolstoi o Dostoievski.

“Nicolás o Nicolai, a través de las lecturas de literatura rusa, emula a los héroes de los libros. Uno quiere ser caballero andante; otro, asesino, tuberculoso, o alcohólico. No se trata de degradarse por degradarse, sino de comprender el alma humana, de convertir la vida en una obra de arte”, aseguró Toscana en entrevista a EFE.

El libro de 323 páginas transcurre en 1971, en plena Guerra fría, con la lucha entre soviéticos y estadounidenses por dominar el espacio. Nicolai le propone un imaginario viaje al cosmos a su esposa, Marfa Petrovna, llamada como el personaje de “Crimen y castigo”, de Dostoievski.

El borracho Guerásim, con el nombre de una de las figuras de “La muerte de Iván Ilich”, de Tolstoi, se suma a la aventura y a partir de ahí, la novela recrea un mundo de aventuras con un recorrido alrededor de medio centenar de obras o autores de Rusia, varios asesinados por el sátrapa Joseph Stalin.

“Stalin marca la literatura rusa de dos formas, una, reclutando gente para que escriban según la línea del Partido y acosando, encarcelando, persiguiendo, a quienes que no la siguieron. Ahí tenemos a la poeta Ana Adjmatova; de ser diva, poco a poco se va convirtiendo en una paria en su propio país”, explica.

INSPIRADO EN CERVANTES

Toscana suele repetir en entrevistas que Miguel de Cervantes es el origen de todo lo que cuenta. Esta vez lo confirma con una prosa quijotesca donde los personajes viven más en la imaginación que en la realidad.

“Lo Cervantino a veces no es evidente y a veces sí, como en esta novela. Por ejemplo, Akaki Akakievich, personaje de “El Capote”, de Gogol, es un mediocre o un pesimista; como ser humano no ofrece nada, pero en la literatura, sí. ¿Qué pasa en la vida que se maneja con estándares distintos a la literatura?”, se preguntó el autor.

Toscana ve con buenos ojos la posibilidad de movernos hacia la literatura en vez de ser espectadores. Su novela se lee como un ejercicio lúdico. Más allá de las reglas de la sociedad, en ella todo cabe.

El novelista es un lector de los rusos desde hace más de 40 años. Ahora puso en su mesa los libros, releyó y así dibujó un mapa lleno de guiños alrededor de decenas de autores como Ana Adjmatova, Issak Babel o Boris Pasternak.

“La historia en general trata de mantener un ambiente de ciertas novelas emblemáticas con el espíritu lúdico de “El Maestro y Margarita” de Mijaíl Bulgakov, con cosas locas, sobrenaturales”, reconoció.

En un mundo con poca tendencia a lo poético, “El peso de vivir en la tierra” recuerda que los libros salvan. Toscana explica que en su caso, tiende más a releer a sus autores favoritos, entre quienes están Homero, los trágicos griegos, Joseph Roth, los del boom latinoamericano y poetas de varias lenguas.

“Los libros le dan a uno la dignidad del ser humano, la libertad, la individualidad. Nos dan cosas más allá que contarnos una historia; están cargados de humanidad, de deseo de libertad; de decir, yo soy un ser humano con derechos y dignidad”, asegura.

 

 

 

 


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