Los Estados Unidos se han identificado con la cultura de la muerte en la aprobación de la pena capital a reos convictos de asesinato o violación. Para ellos existe un mejor trato en el momento de enfrentarse a la ejecución de la sentencia: antes de la inyección letal, se les da calmantes y analgésicos para disminuir la ansiedad y no causar mucho dolor. Una humanización que cae en lo ridículo comparado al Terri.
A ella, se le ha negado el derecho de alimentos y sus respectivos nutrientes. Una muerte dolorosa y angustiante, aún cuando no exista conciencia en la persona, pero el cuerpo demanda y exige energía. El desgaste por la falta de nutrientes es una forma más que inhumana para terminar los días.
Hoy es el caso de Terri que abre un debate polémico, pero también la oportunidad de revisar esos procesos, para el bien de todos aquellos que se enfrentarán a ese dilema, en la medida que se quieran seguir perpetuando esperanzas gracias al adelanto médico.

 


Espero que esta publicación sea de tu interés. Me gustaría seguir en contacto contigo. Por lo cual te dejo mis principales redes para dialogar y comentar los temas de interés para la sociedad y nosotros.

 

 

 

 

Artículo anteriorAl rescate de la cordialidad
Artículo siguienteEl nuevo amanecer