En esa época, el Colegio de Bachilleres se definía como una institución príista, donde no se aceptaba que los docentes fueran de otro partido ajeno al tricolor. Fue tanta la presión de aquel entonces, que no cabía duda alguna de la supuesta afiliación política de los integrantes. De la misma dirección del colegio llegaba la consigna anterior, y por lo tanto, para conservar el trabajo se tenía que acatar, aún cuando no se simpatizará con ellos.
Aún recuerdo, cuando en tiempos del desacato, se nos hizo pasarles a todos los alumnos un video con la reseña de la plática del Dr. Ignacio Burgoa, aquella donde justificó la posición del gobierno estatal en la imposición del Consejo Electoral Espurio, la aventura jurídica que a la postre tuvo que irse para atrás por la ilegalidad del acto mismo.
Como también la exigencia de realizar, por equipos de docentes y personal administrativo previamente planeada, encuestas casa por casa en Umán, para cuestionar la intención de voto de los habitantes, y determinar por medio de ella, los sectores de la ciudad donde se tenía más apoyo o representaba un problema para obtener resultados satisfactorios. Esas encuestas, aunque nosotros sabíamos que eran para el partido, no podíamos comunicarlo a la gente, así que nos identificábamos como una organización de opinión.
¿Acaso mis compañeros podrán negar que las puertas de Catedral eran el centro de reunión de los cobayenses en los mítines convocados por Victor Cervera Pacheco? No importaba escuchar, sino hacer la bola, y sobretodo, que el director o personal directivo nos viera para el pase de lista.
El PRI perdió la gobernatura, aún y cuando existía atrás de la maquinaria electoral legal un sistema tan extendido como COBAY trabajando bajo el agua para evitar ese resultado. Muchos tuvimos la necesidad de dejar el sistema, ya sea por mejores opciones y ofertas de trabajo, o simplemente por estar conscientes que el nuevo régimen no tendría mucha contemplación con esas estructuras que no de manera consciente o voluntaria, sino por necesidad, tuvieron que apoyar al régimen príista de aquel entonces.
Cuando la nueva Dirección General tomo cargo de su puesto, por los rencores mutuos, se tomaron decisiones y se actúo sin madurez e inteligencia para cambiar o erradicar esas estructuras, que a juicio de muchos, son la cara retrógrada del México que no deseamos volver a tener. Vino el despido y cacería, tanto de maestros como directores. Algunos cambios fueron justificado y naturales; pero otros, la mayoría, motivados por una sed de venganza. Esos cambios sin la aplicación de inteligencia provocaron que todavía en nuestros días existan heridas en el sistema.
El COBAY vive el riesgo de pagar la indemnización a varios directores del anterior esquema, lo que significaría la erogación de miles de pesos, que afecta evidentemente los proyectos académicos y administrativos de la institución. Creo que no se tuvo la madurez, por ninguna de las partes involucradas de entender los tiempos que se vivían. Uno por quererse aferrarse a un estructura que era cada día parte del pasado; y otros, que no tuvieron la estrategia para dar la estocada inteligente a esas estructuras.
Lo malo es que al final son los alumnos los más perjudicados de todo esto.


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