La cuenta regresiva entra en su fase final. Al concluir esta semana se concretará la asunción de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos.

Es un hecho muy claro que el nuevo presidente se trae un asunto personal contra los mexicanos. Desde la campaña los temas de la migración con respecto al muro y ahora con el amago a empresas que invierten en México, son muestras del interés intervencionista del republicano.

Podrán decir que es correcto que un presidente quiera proteger la economía y el empleo en su país. Sin embargo, el señor se está entrometiendo en las relaciones de México con marcas de otros países con amenazas y amagos que no corresponden al respeto entre las naciones, ni de libre competencia económica y global.

Pero parece que México no es el asunto polémico más importante de Trump.

Las excentricidades del republicano pueden calar muy profundo en la diplomacia internacional. Es cierto que el señor es en gran negociador. Como empresario no hay duda que es exitoso. Pero no tiene la experiencia del político, la sensibilidad de entender los procesos sociales y la complejidad que significa negociar en un plano internacional.

Habrá otros problemas más graves para Donald que atender el tema de México. De hecho, ya iniciaron los problemas con China. En un editorial del diario oficial de China se advierte de una posible intervención militar contra los Estados Unidos si el nuevo presidente continúa sus desafíos contra ese país.

También está el caso de Rusia y las acusaciones de un espionaje e intervención en el proceso electoral para favorecerlo en el proceso electoral. Inclusive se ha hablado de información personal comprometedora del Trump en mano de la inteligencia rusa. Por lo cual se supondría y explicaría la sumisión del nuevo presidente a intereses de un histórico enemigo político, económico, militar e ideológico. Esta es una macha que le podría dar nuevos capítulos y mancharía la presidencia de los Estados Unidos.

Pero el principal problema los tiene Trump dentro de su país. La polarización de su candidatura que significó no solo el enfrentamiento republicano y demócrata en un punto de descalificación no visto antes, sino que también, se da una ruptura entre el candidato y los líderes conservadores y decanos del partido republicano. Esto es un escenario difícil que provoca que sea el presidente con menos popularidad en asumir el cargo. De un promedio de 61 por ciento, Donald Trump en algunas mediciones apenas alcanza el 33.

No van a faltar a lo largo de los próximos días manifestaciones diversas en varias ciudades importantes de los Estados Unidos. Una división social que podría resultar desgastante para la administración federal. Hay estados y ciudades que se van a declarar en rebeldía por las políticas anti migratorias federales.

¿Cómo lo resolverá el nuevo presidente? Resulta una incógnita. Pero por su conocido impulso y bravuconería se esperarían elevadas tensiones en las relaciones y coordinación entre el gobierno federal y estatales.

Es por ello, que el director de la CIA, John Brennan, advierte sobre la importancia de lo que declare Donald Trump al asumir el cargo de presidente. La espontaneidad no es recomendable ya que se debe considerar siempre que cualquier dicho puede ser interpretado de alguna manera específica y producir un incidente diplomático.

Con este recuento se puede concluir que el camino que empezará el próximo 20 de enero será complejo para todos, tanto para la comunidad internacional como a los propios norteamericanos.

Lo que pasará… será sin duda una gran historia.

 


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